Llegados a este punto, en el que la inspiración es un negro intenso en la gama cromática de mis dones, me planteo si su ausencia es pro o contra. Es decir, suele ser su auge cuando peor me encuentro, por tanto, el hecho de no expresarme de no contarme a los demás ¿no podría ser síntoma de la absoluta tranquilidad y el bien estar?
Vaya, ni me había dado cuenta de lo que estaba haciendo y es eso precisamente lo que indica el fallo.
Es llegar a tercero de periodismo y todos los profesores piensan que lo sabemos todo. Creen que debemos saber quien escribe qué, o quien habla donde, como si en algún momento durante el resto de la carrera nos hubieran enseñado algo de periodismo. Por supuesto tenemos que tener inquietudes y movernos, al menos quien quiera realmente llegar a ser periodista, pero nadie nace sabiendo y nosotros en esto estamos en plena gestación.
Puede que a mis compañeros si les hayan enseñado algo de periodismo, que les hayan tocado profesores que le hayan dado la vuelta a la tortilla en su asignatura y hayan enseñado algo realmente útil para la profesión, pero hasta ahora yo solo he luchado por sobrevivir en cada asignatura y muy pocas veces me enseñaban algo que aprender. Derecho, economía, literatura, son algunas de las asignaturas vistas hasta el momento. No digo que un periodista no deba saber de esos campos, “un periodista tiene que saber de todo” como dice mi tía, otra periodista, pero el momento de concretar en periodismo es ahora, el momento de aprender a enterarnos es este y parece que ya debiéramos saber locutar, escribir y buscar bien la información. Yo digo NO, digo que no sé hacer todo eso aún, ni he terminado la carrera, ni voy a seguir fingiendo que lo sé todo para que no me caigan broncas o bochornos frente a los demás. Si no lo sé pregunto y si me equivoco aprendo y así.
Cuando salimos a exponer la inmensa mayoría estamos nerviosos, cuando no sabemos algo ya ni te cuento y cuando encima nos echan la bronca ya es el redoble final para nuestros corazones. Pero no es queja lo que expongo, simplemente lo expongo. Y por otra parte, agradezco la presión que nos puedan meter ahora porque no es nada comparada con la que sufriremos en el mundo laboral.
Hay momentos en la vida que hay que tomar decisiones duras, es una realidad. Cuando nuestro cuerpo o corazón (en el sentido más emocional de la palabra) grita no se puede uno tapar los oídos, ni mirar a otro lado. Es difícil luchar contra una manera de pensar, una manera de ser, una manera de sentir, una creencia, pero para hacer las cosas bien y sin peligro hay que reflexionar, echar tiempo, ser valientes. Llevo mucho tiempo empleando una fuerza inmensa de voluntad y para defender lo que soy, pero me estoy quedando profundamente débil. Y es cierto que más vale maña que fuerza y que la paciencia es la madre de la ciencia porque lo que siento ahora mismo es que tengo que frenar paulatinamente y descansar, coger fuerzas y crear una estrategia, documentarme, conocerme y solidificar ese fin para llevarlo a cabo con responsabilidad, coherencia y respeto a mi persona, por mucho que me duela esa ruptura mental de lo interiorizado. Pero sé que no es un fracaso, yo soy consciente de como soy y como pienso y lo que tenía que demostrar ya me lo he demostrado. Y no es un final es un principio de madurez y un camino hasta el éxito de mi propósito.
De esto que pierdes la ilusión y las ganas cierran la puerta con llave.
De esto que pierdes el sentido, el norte, la orientación, que ya no entiendes nada.
De esto que lo ves todo carbón como si te hubieras portado mal, que se acabó lo que se daba.
De esto que estás solo contigo, que no hay nadie a quien preguntar y las señales ya no señalan.
De esto que es todo tan no y tú estás tan si y revisas las pruebas como si algo quedara.
De esto que te esperabas pero no ahora, ni esta vez, ni tan pronto, ni a ti.
De esto que intentas rebobinar con todas tus fuerzas y el momento se te clava.
De esto que te levantas y sigues como si nada, pero por dentro algo falla.
De esto que tiras la mirada al suelo no vaya a ser que se te acaben las coartadas.
De esto que ya no queda nada.
Fue bonito mientras fue, lo curioso es que no duró. Te pediría que me odiaras para ponérmelo todo mucho más fácil, pero hasta eso sería egoísta. Ya no te pido nada, porque me has dado, al final, siempre lo que quería. Lo nuestro empezó mucho antes de las oficialidades con las que lo expusimos al mundo y terminó mucho antes de que nos hubiéramos enterado. Al final nunca te hice una canción, pero si que la sentí para ti. Aunque no lo creas, es ahora el tiempo de luchar, es el momento de sacar la fuerza del vientre y tirar para adelante. El invierno nos invade por momentos y ya hemos gastado todos los comodines y llamadas de emergencia. En todo momento has sido todo lo que necesitaba en mi vida y sin embargo en ningún momento lo he sabido manejar, gracias por intentarlo hasta que no te he dejado hacerlo más. Sé que no estás de acuerdo, pero de muchas maneras yo también lo intenté. Ésta será mi ultima intervención, respecto a mi salud no estoy muy bien pero no me muero, así que tranquila, que sé lo que tengo que hacer y si veo que enfermo otra vez siempre puedo ver esos vídeos de cocina que tú ya sabes. No me gusta sentirme la mala de la película pero para llegar a una gran obra hay papeles que tenemos que soportar. En fin, creo que esto es más que suficiente, porque que yo lo necesite expresar no significa que tú lo debas aguantar y puede que esto te explote más a ti que a mi y eso no sería justo.
Hasta siempre.
Me está mirando, es increíble, no se corta, no, no para, observa, imagina, piensa. A saber. Puede que sea por la ley de la atracción, valga la redundancia, por mi constante pensamiento y deseo de atraer. En cualquier caso me gusta y disgusta a partes iguales, el sentimiento de halago se contrarresta en parte por el temor a lo desconocido y por el encantador descaro que me ha pillado tan de sopetón. Parece buena persona, parece. Es mayor que yo. Que gracioso, busca cualquier excusa para burlar los asientos que nos separan y volverme a mirar, me gusta. Siempre he querido que me pasara algo así, así tan en serio. En parte quiero conocerle, o más bien dejar que me conozca y en parte no quiero volver a verle, porque siempre es más bonito imaginar. Cuando me mira pienso: si, escribo sobre ti. Y me dan hasta ganas de hablar por teléfono para que escuche mi voz. Pero yo ya no le miro, bueno a ratos. Me encanta gustar, a quien no. ¿Cuál será su nombre?