Buenas noches damas y caballeros. Les invito otro día más a lo más profundo de mis anhelos, de mis deseos y de mis recuerdos. Les invito a contemplar la cultura de mis palabras, la inspiración de mis dedos, la pasión de mi cuerpo, la arrogancia en la que me mezco. Pónganse cómodos y decidan, decidan rápido si se quedan o se van. Si no están preparados, dispuestos o simplemente no están a la altura, abandonen las butacas, apaguen las luces o bajen las pestañas, es su decisión. Comienza la función.
Hoy vengo a estallar. Vengo al punto numero trece. Vengo a la muerte del momento. Premeditación de un sentimiento. Acción de mis adentros. A tomar decisiones. A romper lo anclado hasta hoy. Hoy vengo a ser mañana. Vengo a volar. Vengo a romper miradas. Vengo a callar silencios. Vengo a ser lo que no sé. Vengo a mirar al miedo. Vengo a ser más grande. Vengo a romperme para construirme diferente. Vengo a ser arte. A ser nueva, emocionante, universal, un misterio. Vengo a llegar. Vengo a la belleza. Vengo a morir. Vengo a nacer. Vengo al ya, al ahora. Vengo a ese será. Vengo a tomar la vendetta de mi vida. Vengo a perderlo todo. Vengo a valorar. Vengo a vivir. Vengo a la verdad. Hoy.
Hoy es un día gris, de esos en los que el cielo se pone un sombrero de nubes y en el tren sólo se ven diciembres y eneros en las caras de la gente. No hay motivos ni para la paz ni para la guerra y sin embargo se libra la batalla interna en el pecho dejando muertos todos los momentos. Al rededor todo está completo todas las cosas que han estado siempre, está todo y no hay nada, nada en absoluto, nada de lo real. No queda vida. Todo éste cuadro sólo es un precio, un precio breve pero intenso a pagar. Cuando vives así, cuando vives sin pensar, sin vivir de verdad, sólo viendo la vida pasar, has de pagar ese precio. Puedes mantenerte al margen mucho tiempo, puedes hasta llegar a creértelo, pero a veces la tristeza te encuentra, te encuentra y te viola y te deja ahí en el subsuelo recordándote que nada es perfecto ni eterno, que lo tienes todo y en el fondo no tienes nada. Dura poco, poco como todo, puedes huir si quieres pero siempre te perseguirá, y te encontrará. Porque aquello que dejaste sin terminar siempre vuelve. Hoy, hoy vino la tristeza para cobrar mis deudas.
Vino recordándome una vez más que no vale vivir así y que de nada sirve huir.
Llega el calor, el agüita de la piscina y la playa, los chicos, los biquinis y los besos a la luz de la luna. Llegan las birras en el parque a media noche, el sur, los paseos en bici, los helados y los planes improvisados. Llega el olor a crema, los masajes, las caminatas, los reencuentros y despedidas varias, llegan los aperitivos y las hamacas, las fiestas, el sex on the beach, los cócteles, las puestas de sol en el puf chill out y todas esas cosas maravillosas que nos trae ésta época del año. Lejos de parecer un anuncio de Mahou llega el verano y sus consecuencias. A ver que nos depara éste año la vida. Sea lo que sea, será bueno. Porque cuando has tocado fondo sólo queda subir. Y eso es lo que viene ahora, reparar cuerpo y mente y cargar pilas para empezar una nueva era con nuestra mejor mercancía de sonrisas y buena actitud. Llega el cambio.
Estoy convencida de que hay un libro en algún universo paralelo escrito por alguna yo con valor sobre esos ojos, no hay espacio para describirlos aquí.
Tu boca.
Protagonista de mis sueños.
Lo peor que me ha pasado en mucho tiempo.
Laberinto de mi razón.
Tus manos.
Tus manos no tienen precio, ni perdón.
Esas, esas que me dicen adiós, esas que me matan de pasión.
Tu pelo.
Que se arropa de ese olor que devora mi nostalgia.
Ese pelo, esa forma de tu cabeza esos dibujos que parecen un mar en calma, por donde se ahogaron mis dedos.
Tu vientre.
El vientre que un día mojé de babas, perfecto y eterno.
Tu ombligo.
Mi casa.
TU CUELLO, mis ganas.
Tu mente, tu juego, tus palabras, tus mentiras, nuestros miedos... mi muerte.
Por unos instantes, por unos momentos, dará igual la realidad que no
serás tú. Vas a ser alguien completamente diferente, vas a ser una
bruja, un loco, una emperatriz o un simple zapato. Vas a sonreir sin
cesar o a gritar hasta quedarte sin voz y todo el mundo se olvidará de
quien estaba dentro de ese cuerpo que ahora es lo que no es. Por unos
instantes vas a volar, a recitar, a rememorar a los grandes. Vas a
empatizar, a desaparecer y meterte de lleno en la vida de otro ser. Por
unos instantes los problemas de tu vida quedarán en standby y tendrás que
afrontar el destino de otro. Por unos instantes serás tú el bueno o
quizá el malo, serás quien juzga o quien es juzgado. Tendrás otra voz,
otra manera de moverte quizá, u otro aspecto muy alejado del actual. Por
unos instantes estarás muy lejos de aquí, jugarás y te rodearás de
imaginación. Por unos momentos, tan solo unos momentos te atreverás y
toda esa energía que creías olvidada resurgirá y toda esa adrenalina
estallará.
Por unos instantes actuarás pero no olvides que el telón caerá.
Ahora es ésta anomia pasajera, sala de espera, periodo de entreguerras, standby musical. No queda nada, no hay nada. No hay sentimientos ni sensaciones, ni normas ni lo que se supone que debe ser. Nada. Todo lo dicho ya esta hablado y todas las palabras sobre la mesa, las cartas olvidadas, la baraja enviada. La tetera ya no grita y el silencio ha perdido la tensión.
¿A dónde se dirige la imaginación?
Los recuerdos han perdido su presente y el pasado ya no evoca ningún futuro. El tiempo se hace en vano un misil de no parar. Los carretes en cunetas desechados al natural. No queda estable la situación, el cambio a la orden del día, se ha hecho rutina el no saber lo que vendrá.
Asumir un pasado, desengañar un presente y construir un futuro.
¿Cuál es el momento justo en el que se comete un error? ¿Realmente sabemos que estamos cometiéndolos? ¿Porque nos permitimos cometerlos? y sobre todo y lo que más me carcome por dentro ¿Porqué seguimos repitiendo los mismos errores infinitas veces?
Los errores, forman parte de nuestra vida, nos hacen humanos, sin ellos no sabríamos nada, porque para aprender algo en este mundo hay que equivocarse. Pero hay que controlar la esencia de nuestro ser, pararse a pensar y ver si realmente estamos haciendo las cosas correctamente, las cosas diferentes, haciendo las cosas bien o pasamos por un proceso ya vivido, por ese error que creíamos haber superado, si lo volvemos a vivir de nuevo. Si volvemos a vivir ese error, es que no hemos aprendido nada, realmente creemos que nos compensa lo que quiera que nos pueda traer esa acción o decisión, a hacer las cosas bien.
Los errores son fáciles, cuando las cosas se hacen bien, normalmente suelen costar. Se trata de tomar decisiones, de elegir, y hacerlo es duro e implica perder algo, implica asumir y seguir, hacernos mayores.
No cambiaría ni un solo error de mi vida, me han hecho la persona que soy ahora y con mis más y con mis menos, me enorgullezco, pero los errores pasados, pasados están y, como ya he dicho, hay que avanzar y eso implica parar, reflexionar e intentar hacer las cosas con cabeza para no volver a fallar.